Teletrabajo vs trabajo presencial: a revisar esas proyecciones apocalípticas

DIRCOM Sergio Dattilo para El Cronista. Gigantes tecnológicos como Google y Amazon invierten en oficinas y destacan la necesidad del encuentro personal. Se puede trabajar a distancia, pero hay una ineludible necesidad de la gente por estar con otra gente.


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Hace algunas semanas el mundo se sorprendió con una noticia, podríamos decir, inesperada: Google anunció que invertirá u$s 7.000 millones durante este año en nuevas oficinas en Estados Unidos. "Juntarnos en persona para colaborar y construir comunidad es esencial para la cultura de Google, y seguirá siendo una parte fundamental de nuestro futuro", dijo su CEO, Sundar Pichai.


No es una empresa de "brick and mortar" ni una desarrolladora inmobiliaria la que toma esta decisión estratégica, sino la principal empresa tecnológica del planeta.


Otro gigante del sector, Amazon, había anunciado hace algunos meses su decisión de aplicar u$s 1400 millones en nuevos espacios de oficinas en seis ciudades de EE.UU., incluyendo el emblemático edificio que ocupara la tienda Lord & Taylor en el centro de Manhattan.


A nivel local, muchos desarrolladores de edificios de oficinas (nuestra empresa, entre ellos) en medio de la pandemia y con incertidumbres por los plazos de construcción en función de las restricciones impuestas por los sucesivos lockdowns, están planificando, pre-comercializando y hasta inaugurando nuevos predios, por lo general con significativas mejoras respecto de desarrollos previos en lo que hace a sustentabilidad y seguridad sanitaria.


Me parece (y dado que es una columna de opinión la que se me pide, me permito usar la primera persona) que los gurúes del fin del trabajo presencial deberían revisar sus predicciones apocalípticas.


No voy a repasar ni rebatir los argumentos que sustentan esta afirmación; permítaseme decir que esas predicciones no toman en cuenta el simple hecho de que la humanidad es una especie gregaria, que necesita de sus congéneres para desarrollarse, progresar, realizar todas sus potencialidades y -en definitiva- compartir éxitos y fracasos con sus pares.


Cuando pase esta pandemia ¿todo volverá a ser igual o habrá cambiado todo? Parece aventurado suscribir cualquiera de esas afirmaciones. Claramente, los nuevos edificios serán "verdes", amigables y tomarán en cuenta la nueva realidad sanitaria que parece haber llegado para quedarse.


Nada, sin embargo, reemplazará la presencialidad.

Es sólo mi opinión, pero la realidad de algún modo parece darme al menos la mitad de la razón.

En este sentido, y para que el reencuentro sea lo más gozoso y productivo posible, nuestro rol como comunicadores es crucial. La gente, tanto nuestra gente como el público externo, debe saber que es seguro regresar a los escritorios. Obviamente, las áreas de seguridad, recursos humanos, operaciones, etc. deben hacer su tarea pero sin una comunicación adecuada es posible que esa gente no se sienta tranquila volviendo.


Permítanme contar, entonces, el caso de nuestra empresa. Hace algunos meses, nuestra compañía (coincidiendo con la apertura de nuestro edificio de Catalinas) propuso a nuestro personal volver a la oficina. En su inmensa mayoría (me atrevo a decir que más de 90%) la gente no sólo aceptó volver sino que expresó la inmensa alegría de poder hacerlo. Obviamente ese regreso se hizo en condiciones de extrema seguridad sanitaria, que incluyen burbujas de dos/tres días a la semana. Pero también tras una comunicación que explicó "todo" lo que hacía falta saber para una vuelta segura.


La realidad demostró que se puede trabajar a distancia, pero también la ineludible necesidad de la gente por estar con otra gente. Ningún zoom, teams o reunión virtual reemplaza el almuerzo con los compañeros el lunes para contarnos qué hicimos el fin de semana, qué bueno nos salió el asado familiar, cómo atajó el arquero de San Lorenzo o la exhibición de las últimas fotos del bebé que cumplió seis meses.


Eso es tan fundamental para la eficiencia en el trabajo como cualquier otra herramienta académica o tecnológica. Trabajo desde los 16 años y el aprendizaje informal que obtuve de mis compañeros no puede ser transmitido en una reunión diaria a distancia citada casi siempre para tratar temas puntuales.

Las predicciones del fin de los tiempos, además, ni siquiera son originales. Hace algunos años, cuando aún era periodista, entrevisté a un señor llamado Jeremy Rifkin. En ese momento era "el sabor del mes", con su libro "The End of Work". Su teoría era que, para el año 2000 (la nota la hice en 1993) "ya nadie trabajará, todos seremos reemplazados por la automatización y nos dedicaremos a labores sociales o solidarias". Los gurúes del fin del trabajo presencial deben haber abrevado de esa fuente, pero la realidad es que TODOS seguimos trabajando. Incluido el señor Rifkin, claro, hoy uno de los principales asesores del gobierno chino...